
Es evidente que uno de los mayores riesgos que corremos es el de la fractura, la falta de unidad. El mundo obrero lleva decadas de desmovilización y de despreocupación. Mientras nos han ido dando las migas de la tarta hemos ido tirando. Sólo ahora cuando nos vemos afectados en nuestras carnes volvemos a recurrir a un lenguaje del ya lejano siglo XIX. Bueno, nunca es tarde si la dicha es buena, aunque nos costara más ahora, ya que tendremos que desandar parte de lo andado.
Dentro del lenguaje clásico del movimiento obrero se suele dividir a los trabajadores en dos, el proletariado y el lumpemproletariado. Definidos muy someramente; Proletariado vienen a ser los trabajadores con conciencia de serlo, de saber que lugar ocupan en el entramado socio-ecónomico y que actúan en función de esa conciencia. Lumpemproletariado sería una amalgama que comprendería tanto a los trabajadores que no tienen conciencia de serlo como a los personajes de más dudosa reputación de la sociedad.
Uno de los riesgos a los que nos enfrentamos ahora los trabajadores es la falta de señas de identidad que nos ayuden a tomar conciencia de quienes somos, y, por decirlo de algún modo, casí no sabemos que hacer para acabar en las filas del proletariado y no en las del lumpemproletariado.
El lumpemproletariado es un gran peligro para el proletariado, para el trabajador organizado. Se mueve por intereses mezquinos y personales y con frecuencia acude en ayuda del patrón a cambio de 30 monedas de platas. De sus filas salieron los matones de los señores a principios de siglo XX.
Karl Marx lo decía así:
“Bajo el pretexto de crear una sociedad de beneficencia, se organizó al lumpemproletariado de París en secciones secretas, cada una de ellas dirigida por agentes bonapartistas y un general bonapartista a la cabeza de todas. Junto a burgueses arruinados, con equívocos medios de vida y de equívoca procedencia, junto a vástagos degenerados y aventureros de la burguesía, vagabundos, licenciados de tropa, licenciados de presidio, huidos de galeras, timadores, saltimbanquis, lazzaroni, carteristas y rateros, jugadores, alcahuetes, dueños de burdeles, mozos de cuerda, escritorzuelos, organilleros, traperos, afiladores, caldereros, mendigos, en una palabra, toda es masa informe, difusa y errante que los franceses llaman la bohème: con estos elementos, tan afines a él, formó Bonaparte la solera de la Sociedad del 10 de Diciembre.”
Estos fueron en los que se apoyó Luis Bonaparte. No caigamos nosotros en el mismo error, y, a pesar de la buena voluntad, nos convirtamos en instrumentos de aquellos contra quién decimos luchar.
Salud, lucha y pensamiento crítico

