
Ya han pasado 24 horas después de presenciar uno de los capítulos más drámaticos de mi vida laboral. Ayer se comúnico oficialmente a los empleados de Cerámicas Sugrañes si contaban con ellos, o por el contrario, serían victimas de la “ejecución” -no tiene mejor termino- del Expediente de Regulación de Empleo.
Bastantes de nosotros teniamos claro en que lista nos encontrabamos, pero muchos, la mayoría lo vivieron incertidumbre. Ayer fue un día de sentimientos encontrados, de alegrias y decepciones, de lagrimas de satisfacción, de rabia y de fustración. Unos escucharon lo que que querían oir, otros no.
El sistema que dispuso la empresa para comunicar oficialmente al trabajador fue especialmente ilustartivo. La responsable de Recursos Humanos se entrevistaba personalmente con cada trabajador en su despacho. Todos nos acercamos a él voluntaria y espontaneamente. Nadie quería permanecer en su puesto de trabajando esperando una llamada que quien sabe si sería fatidica. Había que enfrentarse al horror cuanto antes. Evidentemente esto propicio esperas, colas. Donde veías la angustia de algunos compañeros antes de entrar, y la desolación de otros al salir.
¿Se podría haber hecho de mejor manera? Lo dudo, lo de ayer era un atentado contra los seres humanos. No existe forma alguna de hacerlo de manera civilizada. La representación de ayer no era si no otra evidencia -¿cuantas nos haran falta?- de que el sistema está podrido. ¿Cómo es posible que seres humanos no prestemos a semejantes actos? ¿Cómo es posible que este sistema socio-económico cuente entre sus herramientas leyes como las del ERE? La pantomima de ayer era funesta, como funestas fueron sus consecuencias.
Las lagrimas, y no las raxolas, protagonizaron el última día de producción en la planta de Cerdanyola de Cerámicas Sugrañes. Un dolor que nadie se merece. Lo afrontamos con toda la entereza que fuimos capaces de sacar. Pero fue un día horrible, el 19 dediciembre de 2008. Ayer nos despedimos de muchas personas a las que ya no volveremos a ver. Ayer compartimos uno de esos momentos que marcan la vida de una persona. Afortunadamente, compañeros, camaradas, ayer estuvisteís conmigo, con nosotros, haciendo más llevadero lo que de otro modo hubiera sido insoportable.
Salud, lucha y buena suerte a todos.
P.s No, esta no es la última entrada de Diario de un ERE, pero poco tiempo le queda ya a este blog, su función ya casi ha desaparecido.