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Melancolías. Un poema y una canción

octubre 29, 2008

Hay en todo este proceso destructivo que es el E.R.E un montón de circunstancias que se escapan a nuestro control.

En general valoramos todo este proceso como positivo al ligarlo a esa crisis mundial que puede provocar asombrosos, por inesperados, cambios en favor de la historia de la humanidad. Es nuestro deber moral contemplar todo con optimismo y nunca dejar de confiar en nuestras fuerzas.

Sin embargo somos personas, durante todo este tiempo trabajando codo con codo las relaciones entre compañeros se refuerzan. Desde el respeto hasta a la amistad, pasando por las confidencias -los romances de fin de semana de los más jovenes, las noches en vela de los bisoños papas, las maduras preocupaciones de los padres de hijos adolescentes, los maravillosos nietos de los más veteranos, por no hablar de la franca y unanime admiración masculina por el trasero incendiario de XXXX-

Pues bien, todo eso termina de la forma más abrupta, cada uno a su casa a continuar la pelea, relaciones humanas que no parecen valer nada, que nadie se preocupa en medir. Y, sin embargo, la sombra va creciendo, todavía no demasiado, pero de vez en cuando se puede ver como dos compañeros se atragantan, carraspean y se pasan la mano por la frente para intentar despejar el inminente desenlace. la despedida se aproxima, el compañero dejara de serlo.

Igual es la lluvia, igual es Amanda, pero este poema y esta canción van por vosotros compañeros mios:

Del “Valle de los avasallados” en la película Leolo

Porque sueño yo no lo estoy. Porque sueño, sueño. Porque me abandono por las noches a mis sueños antes de que me deje el día, porque no amo, porque me asusta amar, ya no sueño. Ya no sueño…

… A ti la dama, la audaz melancolía que, con grito solitario, hiendes mis carnes ofreciéndolas al tedio; tú que atormentas mis noches cuando no séque camino de mi vida tomar… te he pagado cien veces mi deuda.

De las brasas del ensueño sólo me quedan las cenizas de la mentira que tú misma me habías obligado a oír. Y la blanca plenitud, no era como el viejo interludio y sí una morena de finos tobillos que me clavó la pena de un pecho punzante en el que creí, y que no me dejó más que el remordimiento de haber visto nacer la luz sobre mi soledad.

E iré a descansar, con la cabeza entre dos palabras, en el valle de los avasallados.

Y la canción de Enrique Morente “Toma este vals” (basada en una canción de Leonard Cohen “take this waltz” a su vez inspirada en el poema “Pequeño vals vienes” del gran Federico García Lorca)


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One comment

  1. Te animará saber que El valle de los avasallados, por fin ha sido traducida al castellano por Miguel Rei en EDICIONES DOCTOR DOMAVERSO,S.A.
    Es una novela que realmente merece la pena y que al igual que El Guardian entre el Centeno de Salinger y la película de Lauzon, se marca en la memoria



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