Archive for 30 noviembre 2008

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Proletariado y lumpemproletariado

noviembre 30, 2008

Es evidente que uno de los mayores riesgos que corremos es el de la fractura, la falta de unidad. El mundo obrero lleva decadas de desmovilización y de despreocupación. Mientras nos han ido dando las migas de la tarta  hemos ido tirando. Sólo ahora cuando nos vemos afectados en nuestras carnes volvemos a recurrir a un lenguaje del ya lejano siglo XIX. Bueno, nunca es tarde si la dicha es buena, aunque nos costara más ahora, ya que tendremos que desandar parte de lo andado.

Dentro del lenguaje clásico del movimiento obrero se suele dividir a los trabajadores en dos, el proletariado y el lumpemproletariado. Definidos muy someramente; Proletariado vienen a ser los trabajadores con conciencia de serlo, de saber que lugar ocupan en el entramado socio-ecónomico y que actúan en función de esa conciencia. Lumpemproletariado sería una amalgama que comprendería tanto a los trabajadores que no tienen conciencia de serlo como a los personajes de más dudosa reputación de la sociedad.

Uno de los riesgos a los que nos enfrentamos ahora los trabajadores es la falta de señas de identidad que nos ayuden a tomar conciencia de quienes somos, y, por decirlo de algún modo, casí no sabemos que hacer para acabar en las filas del proletariado y no en las del lumpemproletariado.

El lumpemproletariado es un gran peligro para el proletariado, para el trabajador organizado. Se mueve por intereses mezquinos y personales y con frecuencia acude en ayuda del patrón a cambio de 30 monedas de platas. De sus filas salieron los matones de los señores a principios de siglo XX.

Karl Marx lo decía así:

“Bajo el pretexto de crear una sociedad de beneficencia, se organizó al lumpemproletariado de París en secciones secretas, cada una de ellas dirigida por agentes bonapartistas y un general bonapartista a la cabeza de todas. Junto a burgueses arruinados, con equívocos medios de vida y de equívoca procedencia, junto a vástagos degenerados y aventureros de la burguesía, vagabundos, licenciados de tropa, licenciados de presidio, huidos de galeras, timadores, saltimbanquis, lazzaroni, carteristas y rateros, jugadores, alcahuetes, dueños de burdeles, mozos de cuerda, escritorzuelos, organilleros, traperos, afiladores, caldereros, mendigos, en una palabra, toda es masa informe, difusa y errante que los franceses llaman la bohème: con estos elementos, tan afines a él, formó Bonaparte la solera de la Sociedad del 10 de Diciembre.”

Estos fueron en los que se apoyó Luis Bonaparte. No caigamos nosotros en el mismo error, y, a pesar de la buena voluntad, nos convirtamos en instrumentos de aquellos contra quién decimos luchar.

Salud, lucha y pensamiento crítico

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Cuentos de invierno

noviembre 29, 2008

Como ya comentabamos en una entrada anterior Diario de un ERE va a dedicar los proximos días a contar cuentos. No es momento de exarcerbar los animos y sí de tomarse un respiro para poder ver las cosas con cierta perspectiva.

Así que nada mejor que los cuentos, artefactos literarios que se distinguen por su brevedad. Y algunos por su belleza. El primero será “Vanka” de Anton Chejov, un autor que creía en el progreso y que tenía como maxima “Si trabajas para el presente, tu trabajo no valdrá nada. Uno debe trabajar sólo con el futuro en mente”.  Enorme contador de cuentos, aunque ninguno termine con el propicio “y comieron perdices…”

VANKA de ANTON CHEJOV

Vanka Chukov, un muchacho de nueve años, a quien habían colocado hacía tres meses en casa del zapatero Alojin para que aprendiese el oficio, no se acostó la noche de Navidad.

Cuando los amos y los oficiales se fueron, cerca de las doce, a la iglesia para asistir a la misa del Gallo, cogió del armario un frasco de tinta y un portaplumas con una pluma enrobinada, y, colocando ante él una hoja muy arrugada de papel, se dispuso a escribir.

Antes de empezar dirigió a la puerta una mirada, en la que se pintaba el temor de ser sorprendido, miró al icono obscuro del rincón y exhaló un largo suspiro.

El papel se hallaba sobre un banco, ante el cual estaba él de rodillas.

«Querido abuelo Constantino, Makarich -escribió-: Soy yo quien te escribe. Te felicito con motivo de las Navidades y le pido a Dios que te colme de venturas. No tengo papá ni mamá; sólo te tengo a ti…

Vanka miró a la obscura ventana, en cuyos cristales se reflejaba da bujía, y se imaginó a su abuelo Constantino Makarich, empleado a la sazón como guardia nocturno en casa de los señores Chivarev. Era un viejecillo enjuto y vivo, siempre risueño y con ojos de bebedor. Tenía sesenta y cinco años. Durante el día dormía en la cocina o bromeaba con los cocineros, y por la noche se paseaba, envuelto en una amplia pelliza, en torno de la finca, y golpeaba de vez en cuando con un bastoncillo una pequeña, plancha cuadrada, para dar fe de que no dormía y atemorizar a los ladrones. Acompañábanle dos perros: Canelo y Serpiente. Este último se merecía su nombre: era largo de cuerpo y muy astuto, y siempre parecía ocultar malas intenciones; aunque miraba a todo el mundo con ojos acariciadores, no le inspiraba a nadie confianza. Se adivinaba, bajo aquella máscara de cariño, una perfidia jesuítica.

Le gustaba acercarse a la gente con suavidad, sin ser notado, y morderla en las pantorrillas. Con frecuencia robaba pollos de casa de los campesinos. Le pegaban grandes palizas; dos veces había estado a punto de morir ahorcado; pero siempre salía con vida de los más apurados trances y resucitaba cuando le tenían ya por muerto.

En aquel momento, el abuelo de Vanka estaría, de fijo, a la puerta, y mirando las ventanas iluminadas de la iglesia, embromaría a los cocineros y a las criadas, frotándose las manos para calentarse. Riendo con risita senil les daría vaya a las mujeres.

-¿Quiere usted un polvito? -es preguntaría, acercándoles la tabaquera a la nariz.

Las mujeres estornudarían. El viejo, regocijadísimo, prorrumpiría en carcajadas y se apretaría con ambas manos los ijares.

Luego les ofrecería un polvito a los perros. El Canelo estornudaría, sacudiría la cabeza, y, con el gesto huraño de un señor ofendido en su dignidad, se marcharía. El Serpiente, hipócrita, ocultando siempre sus verdaderos sentimientos, no estornudaría y menearía el rabo.

El tiempo sería soberbio. Habría una gran calma en la atmósfera, límpida y fresca. A pesar de la obscuridad de la noche, se vería toda la aldea con sus tejados blancos, el humo de las chimeneas, los árboles plateados por la escarcha, los montones de nieve. En el cielo, miles de estrellas parecerían hacerle alegres guiños a la Tierra. La Vía Láctea se distinguiría muy bien, como si, con motivo de la fiesta, la hubieran lavado y frotado con nieve…

Vanka, imaginándose todo esto, suspiraba.

Tomó de nuevo la pluma y continuó escribiendo:

«Ayer me pegaron. El maestro me cogió por los pelos y me dio unos cuantos correazos por haberme dormido arrullando a su nene. El otro día la maestra me mandó destripar una sardina, y yo, en vez de empezar por la cabeza, empecé por la cola; entonces la maestra cogió la sardina y me dio en la cara con ella. Los otros aprendices, como son mayores que yo, me mortifican, me mandan por vodka a la taberna y me hacen robarle pepinos a la maestra, que, cuando se entera, me sacude el polvo. Casi siempre tengo hambre. Por la mañana me dan un mendrugo de pan; para comer, unas gachas de alforfón; para cenar, otro mendrugo de pan. Nunca me dan otra cosa, ni siquiera una taza de té. Duermo en el portal y paso mucho frío; además, tengo que arrullar al nene, que no me deja dormir con sus gritos… Abuelito: sé bueno, sácame de aquí, que no puedo soportar esta vida. Te saludo con mucho respeto y te prometo pedirle siempre a Dios por ti. Si no me sacas de aquí me moriré.»

Vanka hizo un puchero, se frotó los ojos con el puño y no pudo reprimir un sollozo.

«Te seré todo lo útil que pueda -continuó momentos después-. Rogaré por ti, y si no estás contento conmigo puedes pegarme todo lo que quieras. Buscaré trabajo, guardaré el rebaño. Abuelito: te ruego que me saques de aquí si no quieres que me muera. Yo escaparía y me iría a la aldea contigo; pero no tengo botas, y hace demasiado frío para ir descalzo. Cuando sea mayor te mantendré con mi trabajo y no permitiré que nadie te ofenda. Y cuando te mueras, le rogaré a Dios por el descanso de tu alma, como le ruego ahora por el alma de mi madre.

«Moscú es una ciudad muy grande. Hay muchos palacios, muchos caballos, pero ni una oveja. También hay perros, pero no son como los de la aldea: no muerden y casi no ladran. He visto en una tienda una caña de pescar con un anzuelo tan hermoso, que se podrían pescar con ella los peces más grandes. Se venden también en las tiendas escopetas de primer orden, como la de tu señor. Deben costar muy caras, lo menos cien rublos cada una. En las carnicerías venden perdices, liebres, conejos, y no se sabe dónde los cazan.

«Abuelito: cuando enciendan en casa de los señores el árbol de Navidad, coge para mí una nuez dorada y escóndela bien. Luego, cuando yo vaya, me la darás. Pídesela a la señorita Olga Ignatievna; dile que es para Vanka. Verás cómo te la da.»

Vanka suspira otra vez y se queda mirando a la ventana. Recuerda que todos los años, en vísperas de la fiesta, cuando había que buscar un árbol de Navidad para los señores, iba él al bosque con su abuelo. ¡Dios mío, qué encanto! El frío le ponía rojas las mejillas; pero a él no le importaba. El abuelo, antes de derribar el árbol escogido, encendía la pipa y decía algunas chirigotas acerca de la nariz helada de Vanka. Jóvenes abetos, cubiertos de escarcha, parecían, en su inmovilidad, esperar el hachazo que sobre uno de ellos debía descargar la mano del abuelo. De pronto, saltando por encima de los montones de nieve, aparecía una liebre en precipitada carrera. El abuelo, al verla, daba muestras de gran agitación y, agachándose, gritaba:

-¡Cógela, cógela! ¡Ah, diablo!

Luego el abuelo derribaba un abeto, y entre los dos le trasladaban a la casa señorial. Allí, el árbol era preparado para la fiesta. La señorita Olga Ignatievna ponía mayor entusiasmo que nadie en este trabajo. Vanka la quería mucho. Cuando aún vivía su madre y servía en casa de los señores, Olga Ignatievna le daba bombones y le enseñaba a leer, a escribir, a contar de uno a ciento y hasta a bailar. Pero, muerta su madre, el huérfano Vanka pasó a formar parte de la servidumbre culinaria, con su abuelo, y luego fue enviado a Moscú, a casa del zapatero Alajin, para que aprendiese el oficio…

«¡Ven, abuelito, ven! -continuó escribiendo, tras una corta reflexión, el muchacho-. En nombre de Nuestro Señor te suplico que me saques de aquí. Ten piedad del pobrecito huérfano. Todo el mundo me pega, se burla de mí, me insulta. Y, además, siempre tengo hambre. Y, además, me aburro atrozmente y no hago más que llorar. Anteayer, el ama me dio un pescozón tan fuerte, que me caí y estuve un rato sin poder levantarme. Esto no es vivir; los perros viven mejor que yo… Recuerdos a la cocinera Alena, al cochero Egorka y a todos nuestros amigos de la aldea. Mi acordeón guárdale bien y no se lo dejes a nadie. Sin más, sabes te quiere tu nieto

VANKA CHUKOV.

Ven en seguida, abuelito.»

Vanka plegó en cuatro dobleces la hoja de papel y la metió en un sobre que había comprado el día anterior. Luego, meditó un poco y escribió en el sobre la siguiente dirección:

«En la aldea, a mi abuelo.»

Tras una nueva meditación, añadió:

«Constantino Makarich.»

Congratulándose de haber escrito la carta sin que nadie se lo estorbase se puso la gorra, y, sin otro abrigo, corrió a la calle.

El dependiente de la carnicería, a quien aquella tarde le había preguntado, le había dicho que las cartas debían echarse a los buzones, de donde las recogían para llevarlas en troika a través del mundo entero.

Vanka echó su preciosa epístola en el buzón más próximo…

Una hora después dormía, mecido por dulces esperanzas.

Vio en sueños la cálida estufa aldeana. Sentado en ella, su abuelo les leía a las cocineras la carta de Vanka. El perro Serpiente paseábase en torno de la estufa y meneaba el rabo…

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Asamblea vespertina. Incógnitas.

noviembre 29, 2008

Ayer los trabajadores de Cerámicas Sugrañes tuvimos una asamblea extraodinaria, para informarnos de el estado de la negociación y explicar los últimos movimientos que causaron cierto desanimo en algunos de nosotros.

En primer lugar, yo quiero dar las gracias a lostrabajadores de oficinas que estuvieran en la asamblea. Se les reprochó que hubieran tardado tanto en venir a una asamblea. Pero se demostró que estan inquietos y que también ellos tienen temor al futuro próximo. Nosotros sólo hemos reaccionado con el ERE encima así que tampoco podemos presumir de mucha iniciativa.

La asamblea dejó clara una cosa, que las negociaciones son duras y complicadas, que la dirección de la empresa está dispuesta a tomar medidas draconianas y que nos vemos obligados a dar una pequeña tregua en nuestras movilizaciones. Ni el comité ni la asamblea respaldarán ningún acto que la empresa pueda interpretar como vandálico.

Ayer el comité no estaba en una posición fácil por que tuvo que explicar algo que muchos no queriamos oír. Pero lo entendimos, y de la asamblea espero que haya salido reforzado. Ahora le toca a la empresa mostrar buena voluntad.

De cualquier modo mis impresiones personales no fueron del todo buenas, estamos inmersos en un proceso que los trabajadores tenemos poco o ningún margén de maniobra. Que los sindicatos, que nos representan, se mueven por unos intereses ajenos a los de los trabajadores. Y lo que es peor, que nadie sabé como será el final de este proceso. ¿En base a que criterio diremos que ha acabado mal o bien esta historia? ¿el personal o el colectivo? ¿realmente hemos dicho en algún momento lo que realmente queremos? Por un lado estan los días de indeminización, por otro los trasladados y los desplazados.

Lo mejor de todo, y hablo unicamente por mi y por la impresión que me produjo la asamblea de ayer, es que el Comité va a pelear, y me parece que tiene muy claro que su objetivo es minimizar el ERE en lo posible, que va a luchar por el trabajo.

Y para terminar y secundando las instrucciones de la asamblea sobre la tregua, diario de un ERE va tomarse las cosas con cierta calma. Y siguiendo el consejo de una de las personas con mayor ascendencia sobre mi persona de esta fábrica, voy a dedicar las proximas entradas a contar cuentos. Ya vereís que bonitos.

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Días 27 y 28. Que frío.

noviembre 29, 2008

La foto de esta entrada esta dedicada a mi compañero F , que me sufre todos los días.

Nosotros seguimos a lo nuestro, comunicandonos con el exterior mediante el corte pácifico de una vía de comunicación del Vallés Occidental. Como casí todos los días.

Sólo que ahora hace un frío que pela, apenas el termometro si sobrepasaba los 0 grados. Es casi imposible quedarse quieto. La consignas del tipo “ote, ote, sugrañista el que no bote” causan furor, no sé si por su contenido o simplemente para que las extremidades entren un poco en calor.

En mi caso ha sido peor, desde el jueves por la noche tengo unas decimas de fiebre que me impiden concentrarme lo suficiente. Así que perdonad lo breve de las entradas.

Ahora más que nunca SALUD y lucha

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Requiem por RosaGres

noviembre 26, 2008

Bueno, como veís andamos los blogs de los trabajadores de Rosa Gres líados con los audiovisuales. Aquí, en Diario de un ERE, también os ofrecemos uno, dedicado a explicar al proceso en el que nos hemos visto metidos los 3 últimos años y sus consecuencias finales.

Un consejo, el sentido último de este video viene dado por su banda sonora, poco  tiene sin ella, que le ayuda a tener el pulso adecuado, así que equipos sin sonido absteneros. Y se ve mejor en pantalla pequeña, cosas de la informatica, el capturar y editar textos e imagenes desde equipos baratos es lo que tiene. Cuando contemos con medios y tiempo ya veran, ya.

Dos cositas; primero insistir en la importancía de la banda sonora en este montaje. Segundo, está es la versión 0.2 faltan muchas cosas por cambiar:

-la velocidad de los textos

-algunas fotografías

-las faltas de ortografía, como siempre no pongo tildes, y pienso más rápido de lo que escriben mis torpes dedos.

Ya me direís que os parece.

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Prometeo (des)encadenado. Nuestro muro

noviembre 24, 2008

Nuestra lucha diaria tiene sorprendentes lecturas y casí uno puede rastrear sus raices en las más viejas leyendas. Por muchos motivos vienen a mi memoria Prometeo, Sísifo y Penélope, la mujer de Úlises,

Estos tres personajes de la mitología griega, aunque parezca mentira, tienen mucho que ver con nosotros, con la repetición alienante del día, con la fugaz libertad y con la esperanza.

Prometeo fue el heroe ( un Titán) que robo el fuego a los dioses griegos para darselo a los humanos. Aquellos, enfurecidos condenaron a Prometeo con una tortura perpetua. Fue encadenado y Zeus envió un águila para que se comiera el hígado de Prometeo. Siendo éste inmortal, su hígado volvía a crecerle cada día, y el águila volvía a comérselo cada noche.  Esto duro hasta que Hercules le liberó del castigo.

Sísifo, por su parte, fue un mortal que engaño a la muerte a la que encadenó. El castigo divino tras la liberación de esta fue mandarle al infierno, donde Sísifo fue obligado a empujar una piedra enorme cuesta arriba por una ladera empinada, pero antes de que alcanzase la cima de la colina la piedra siempre rodaba hacia abajo, y Sísifo tenía que empezar de nuevo desde el principio. Así toda la eternidad.

Penélope es otro símbolo de la repetición. Ulisés ( u Odiseo) parte a la guerra de Troya, dejando a su bella mujer sóla. Durante los veinte años de ausencia del heroe Penélope se ve asediada por pretendientes. Para librarse de ellos prometer que elegirá marido cuando termine de tejer un sudario. Por supuesto, cada noche destruye lo que ha hecho durante el día, hasta el día que Ulisés regresa a Itaca dando muerte a todos los desdichados pretendientes.

Os preguntareís que tienen que ver entoncés Prometeo, Sísifo y  Penélope con nosotros. Mucho diría yo, como ellos repetimos actos como condenas; el despertador, la máquina de fichar… Como Sísifo vislumbramos la esperanza en algún momento, aunque justo entoncés perdemos la roca y rueda colina abajo. Como Promoteo, a pesar de los castigos, portamos un regalo para la humanidad. ¿Y quien no teme a Prometeo desencadenado?

Pero sobre todo Prometeo, Sísifo y  Penélope, los tres a la vez, son los que ilustran a la perfección lo que pasa con nuestro muro, que cada día se despierta desafiante, con su pequeño discurso reivindicativo y cada día es sepultado por una buena mano de un gris de lo más triste. Todos los días igual, camino de su partícular leyenda.

Va por tí, pequeño gran muro.

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Comunicado a los vecinos de Cerdanyola de los trabajadores de Cerámicas Sugrañes

noviembre 23, 2008

Uno de los actos finales de la marcha del 22 de noviembre fue la lectura de varios comunicados, declaraciones sentidas por todos los trabajadores de Cerámicas Sugrañes S.A. (Rosa Gres), que querían llegar a todos los cerdañoleses.

Hoy reproducimos aquí uno de ellos, en cuanto nos lleguen los demás los iremos colgando, para que todo el mundo pueda leerlos.

¡Cerdañolés!

Lamentablemente los trabajadores de Cerámicas Sugrañes S.A. (Rosa Gres) nos vemos obligados a salir a la calle y manifestarnos para denunciar nuestra situación.

El contexto actual de crisis financiera y comercial global afecta también a nuestro pueblo.

Hoy mismo se están tramitando los Expedientes de Regulación de Empleo de las empresas de Cerdanyola; Cerámicas Sugrañes S.A. , Riviere, y Zobele, implicando a cientos de familias.

No serán las últimas, y con las empresas caerá el pequeño comercio, la actividad productiva. El problema nos afecta a todos. En mayor o menor medida, antes o después, esta crisis, su crisis, nos golpeara irremediablemente.

Nuestro caso, el de los trabajadores de Cerámicas Sugrañes S.A. (Rosa Gres) es especialmente sangrante, el traslado obligado de la fábrica de Gres por la ubicación del Sincotrón “Alba” ha servido a la dirección de la empresa como excusa para desahacerse de 84 de los 130 empleados. Nos han ofrecido una miseria y una mentira a cambio de una vida a su servicio.

Los trabajadores de Cerámicas Sugrañes S.A. (Rosa Gres), nos manifestamos en contra de la destrucción de empleo, en contra de la legalidad criminal que atenta contra el artículo 35 de la Constitución española “Todo español tiene el Deber y el Derecho al trabajo digno”.

No busquen a los culpables de esta crisis entre los trabajadores, asuman, empresarios y administración, sus responsabilidades y no destruyan empleo.

NO A LOS EXPEDIENTES DE REGULACIÓN DE EMPLEO, SÍ AL TRABAJO DIGNO

Los trabajadores de Cerámicas Sugrañes S.A. (Rosa Gres)