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Los diez días que estremecieron al mundo

noviembre 1, 2008

El pasado 25 de octubre los trabajadores de RosaGres reunidos en asamblea decidimos empezar con los movilizaciones, movimientos que provocarían otros movimientos, energias liberadas que debieran provocar cataclismos o estrecimientos en lo que algunos les parece el acto final de algo ya escrito. Pero todavía el telón no ha caído y los que parecían actores secundarios se pueden convertir en las figuras estelares de esta drámatica reperesentación.

Es curioso pero ninguno reparamos en lo significado de la fecha, el 25 de OCtubre, la fecha de la revolución bolchevique en Rusia. Hace ya 91 años, el 25 de octubre de 1917, los trabajadores y soldados de Petrogrado tomaron el palacio de invierno derrocando al gobierno provisional. Lo que siguió depues no nos interesa tanto, pero sí que debemos prestar atención a esos raros momentos donde lo inesperado acontece, donde los olvidados, los desplazados aparecen y la historia deja de ser lo que parecía.

John Reed era un periodista norteamericano que asistió al proceso revolucionario en Rusia y dejo constancia escrita de todo ello en “Los 10 días que estremecieron al mundo”, libro que aún hoy se edita (en España se puede encontrar en las librerias editado por la prestigiosa Akal) y le sirvió a John Reed para tener el honor de ser enterrado en el Kremlin.

En lo que a los trabajadores de RosaGres respecta nuestras ambiciones son mucho más pequeñas, es a otros a quien corresponde estremecer al mundo, nosotros bastante haremos si inquietamos a nuestros jefes y nos sorprendemos a nosotros mismos. Esta primera semana esta sentando las bases, estamos haciendo lo más díficil, ya llegaran los momentos de recoger lo sembrado. Un camino díficil por el que parece que nos estamos sabiendo mover a las mil maravillas.

En otro orden de cosas,  y a raíz de los aniversarios, es necesario recordar que dentro de muy poco se va a conmemorar el primer aniversario de “Cesta de navidad del Comite de Empresa Ceramicas Sugrañes”. Un acto que ahora adquiere toda su relevancia. Aquella cesta sufragada por los trabajadores, para todos los empleados de Ceramicas Sugrañes era una cesta humilde, de pesebre y casí sin derecho a buey  y asno. Pero era muy digna. Y nadie se nego a recogerla.

Ahora los empleados de las oficinas de Ceramicas Sugrañes no han tenido a bien ni un gesto de solidaridad, ni un gesto de animo. Todavía están a tiempo. No lo necesitamos, pero si nos gustan las muestras de apoyo.

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