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Quemar las naves. Una lección de historia de la mano de Rosa Sugrañes

noviembre 10, 2008

Hace poco hablabamos en este mismo blog del momento de atravesar el Rubicón, de lo que significaba ,y de donde provenía está expresión. Este blog cuya función pedágogica está por reconocer, ha encontrado una fuente de inspiración insospechada, y que ahonda en el sentimiento de cruzar el punto de “no retorno” y no sentir tentaciones de regresar, algo que por otra parte es imposible.

Esa fuente de inspiración insospechada es ni más ni menos que Rosa Sugrañes, empresaria de éxito, residente en Miami, y miembro del consejo de administración de Cerámicas Sugrañes. Esos que nos ponen de patitas en la calle.

Pues bien Rosa Sugrañes en una entrevista cuenta lo siguiente:

“Es como cuando Hernán Cortés que quemó las naves. Es lo mismo. Tienes que quemar tus naves. No hay vuelta atrás. Tienes que ir siempre para adelante”

Efectivamente, en 1519 Hernán Cortés partió desde Cuba al continente americano atraído por las posibilidades de expoliar las riquezas americanas. Para hacerlo como buen buscavidas debía ganarse la confianza del gobernador y del rey, a los que no dudó en traicionar después, una vez sufragada la expedición y ya en lo que es el actual Méjico.

Así ya en la costa americana mando inutilizar las naves (“Quemar las naves” ), para que ninguno de sus hombres sintiera la obligación de servir al rey traicionado, abandonandole, y se condujera en la empresa hasta sus últimas consecuencias.

Pues sí tras traspasar el Rubicón hay que quemar las naves, en nuestra lucha es exactamente lo mismo, para que nadie sienta la tentación de retroceder hay que quemar las naves-

A diferencia de Cortés nuestra lucha no es de conquista sino de justicia, pero como él una vez traspasado el Rubicón quemaremos las naves para que no haya nada que perder, solo, como diría Rosa Sugrañes, “ir siempre para adelante”.

Deespués llegaría la noche más triste, pero con eso ya contamos, sabemos que no ganaremos la guerra, pero sí que podemos ganar esta batalla.

Así que ya sabés a quién dar las gracias de esta lección de historia con tanta moraleja.

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