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La ley no es nuestra.

noviembre 19, 2008

Anton Chejov se preguntaba a menudo por la utilidad del trabajo. Bien sabía de lo necesario que era, de la pesada losa que debían llevar los trabajadores. Sin embargo el no entendía del trabajo por el lucro, el lo sólo lo contemplaba como un avance para la humanidad.

¿Y qué hemos hecho los trabajadores estos últimos años? Llenarnos los bolsillos (un poco) para rapidamente vaciarlos. Una segunda residencia, una televisión de plasma, un coche fuera de serie. Por un momento nos llegamoa a sentir príncipes.

Ahora el ERE gravita sobre nuestras cabezas, la crisis golpea con fuerza, y temblamos por nuestro porvenir.

Díficilmente saldremos de esta negociando unos cientos de euros más o menos. Contemplamos como existen leyes que amparan al empresario, los ERE, que para nuestro ministro de trabajo Celestino Corbacho son herramientas  del empleador en tiempos de crisis. Y el ERE revela una vez más que el trabajador es un obstaculo para el sístema que cualquier conquista social es algo que se debe suprimir. Eso es un ERE, un atentado a los trabajadores.

La Constitución Española recoge:

Artículo 35.

1. Todos los españoles tienen el deber de trabajar y el derecho al trabajo, a la libre elección de profesión u oficio, a la promoción a través del trabajo y a una remuneración suficiente para satisfacer sus necesidades y las de su familia, sin que en ningún caso pueda hacerse discriminación por razón de sexo.

También la Constitución recoge esto otro:

Artículo 15.

Todos tienen derecho a la vida y a la integridad física y moral, sin que, en ningún caso, puedan ser sometidos a tortura ni a penas o tratos inhumanos o degradantes. Queda abolida la pena de muerte, salvo lo que puedan disponer las Leyes penales militares para tiempos de guerra.

Si alguien vulnera el artículo 15 será puesto sin duda ante un tribunal, juzgado y condenado. Sin embargo, oh sorpresa, atentar contra el trabajo, no sólo no esta prohibido sino que se promulgan leyes como el ERE, que atentan contra el deber de trabajar y el derecho al trabajo.

Esta legalidad ambigua es nuestro verdadero enemigo. Ahora, que no es demasiado tarde, es cuando debemos ver los problemas de este sistema de mierda. Mientras estabamos arriba poco nos importaba lo abajo que estaban otros. Y sin embargo tenemos que tener muy claro que esta situación  de ahora tiene mucho que ver con la miseria de otros, no verlo es el gran error.

Luchemos contra esas leyes de los patronos, antes ya se hizó. El 1 de mayo no es más que la fiesta conmemorativa de la lucha por las jornadas de 8 horas frente a la practica de aquel entonces de las 14 horas diarias. En Chicago en 1882 murieron trabajadores por “las 8 horas para trabajar, 8 para descansar, y 8 para el sueño”, ellos consiguieron lo que hoy parece normal, las 40 horas semanales. Los habremos olvidado, pero la memoria no tarda en refrescarse.

Luchemos contra sus leyes.

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