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Prometeo (des)encadenado. Nuestro muro

noviembre 24, 2008

Nuestra lucha diaria tiene sorprendentes lecturas y casí uno puede rastrear sus raices en las más viejas leyendas. Por muchos motivos vienen a mi memoria Prometeo, Sísifo y Penélope, la mujer de Úlises,

Estos tres personajes de la mitología griega, aunque parezca mentira, tienen mucho que ver con nosotros, con la repetición alienante del día, con la fugaz libertad y con la esperanza.

Prometeo fue el heroe ( un Titán) que robo el fuego a los dioses griegos para darselo a los humanos. Aquellos, enfurecidos condenaron a Prometeo con una tortura perpetua. Fue encadenado y Zeus envió un águila para que se comiera el hígado de Prometeo. Siendo éste inmortal, su hígado volvía a crecerle cada día, y el águila volvía a comérselo cada noche.  Esto duro hasta que Hercules le liberó del castigo.

Sísifo, por su parte, fue un mortal que engaño a la muerte a la que encadenó. El castigo divino tras la liberación de esta fue mandarle al infierno, donde Sísifo fue obligado a empujar una piedra enorme cuesta arriba por una ladera empinada, pero antes de que alcanzase la cima de la colina la piedra siempre rodaba hacia abajo, y Sísifo tenía que empezar de nuevo desde el principio. Así toda la eternidad.

Penélope es otro símbolo de la repetición. Ulisés ( u Odiseo) parte a la guerra de Troya, dejando a su bella mujer sóla. Durante los veinte años de ausencia del heroe Penélope se ve asediada por pretendientes. Para librarse de ellos prometer que elegirá marido cuando termine de tejer un sudario. Por supuesto, cada noche destruye lo que ha hecho durante el día, hasta el día que Ulisés regresa a Itaca dando muerte a todos los desdichados pretendientes.

Os preguntareís que tienen que ver entoncés Prometeo, Sísifo y  Penélope con nosotros. Mucho diría yo, como ellos repetimos actos como condenas; el despertador, la máquina de fichar… Como Sísifo vislumbramos la esperanza en algún momento, aunque justo entoncés perdemos la roca y rueda colina abajo. Como Promoteo, a pesar de los castigos, portamos un regalo para la humanidad. ¿Y quien no teme a Prometeo desencadenado?

Pero sobre todo Prometeo, Sísifo y  Penélope, los tres a la vez, son los que ilustran a la perfección lo que pasa con nuestro muro, que cada día se despierta desafiante, con su pequeño discurso reivindicativo y cada día es sepultado por una buena mano de un gris de lo más triste. Todos los días igual, camino de su partícular leyenda.

Va por tí, pequeño gran muro.

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